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LUIS ABAD,
ALBARDERO AMBULANTE
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INTRODUCCIÓN
Personas que
dejaron huella a su paso por caminos, aldeas y pueblos. Personas
tan dispares como un cantero (Nº 242), un afilador (Nº 249), o
un grupo de carboneros (Nº 256). Hace ya un tiempo que entré en
contacto con otro hombre, Luís Abad Pérez, albardero, a quien la
necesidad lanzó mundo adelante, por caminos y atajos,
desarrollando su profesión en condiciones duras y desafiantes
por pueblos y ferias, por tierras abruptas y amenazadoras,
impresionantes y peligrosas, con lluvias, nieves o nieblas, o
con un sol que hacía reventar la vida, los bosques, praderías y
huertas; entre hombres hospitalarios, acogedores, nacidos de las
entrañas de la tierra; en años cruciales de represión y de
lucha; por una geografía que ahora descubren y anuncian como
ancestrales y vírgenes paraísos aún no perdidos.
Luís Abad
Pérez se movió por cuatro espacios diferentes.
Uno: Sierras
del Incio, Courel, Cebreiro, y se asomó a los Ancares... tierras
míticas del alma gallega, y ríos también míticos: el Sil, el
Miño, el Lor, el Cabe, el Lóuzara... toda una exuberante
Naturaleza alimentada de poderosos bosques de carballos,
castiñeiros, bidueiros, amieiros, piñeiros, acivros... que
señoreaban águilas reales, osos, urogallos, jabalíes, jinetas,
zorros, y el lobo temible. Poblaciones humildes enraizadas en
valles profundos, en laderas o en pasos y puertos naturales. Con
hombres y mujeres trabajadores de la tierra, consumidos por el
sudor y con frecuencia por el poco haber y menos tener, con la
necesidad apremiante y casi única de subsistir; encerrados en
inviernos por ventiscas y nieves insistentes, nevadas que
taponaban pueblos, caminos, ríos, bosques y cubrían las cimas
soberbias. Hombres y mujeres anhelantes de la llegada de los
deshielos y de la llegada de la primavera que les lanzaban a los
valles y a las ferias, y les abrían los días intensos del
trabajo con las vacas y los bueyes, arañando la tierra con los
arados de madera de una sola pieza. Tierras aisladas del resto
del mundo -Courel, Ancares- donde se me comentó que muchos se
habían entera-do de la guerra civil cuando había ya terminado.
Tierras donde pisaron escasamente los maestros, o no pisaron, o
a donde se les daban pluses económicos y méritos especiales años
después de la guerra para atraerles a pueblos y aldeas (Ancares).
Hombres que caminaban por atajos calzados de una práctica e
inteligente creación adaptada a las nieves. Hombres y mujeres
fundidos en casas de hechura antiquísima, de espacios comunales
de familia, animales, utensilios y oficios primarios, rematados
los techos y los tejados con paja de centeno sabiamente
trabajada, colocada y trabada.
(Ancares, Cebreiro, Incio...)
(2)
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Uno: Luis Abad
Pérez pudo ver las aldeas hundidas en las márgenes del río Lor,
por el Courel, aldeas humildes como un sobrio elemento más de la
Naturaleza, como peñascos y riscos. Humildes e inteligentes,
asombrosam ente adaptadas al trabajo, a las necesidades
comunales, al medio y a los materiales de construcción.(3)Las
tierras del Incio, del Courel, del Cebreiro -y también de la
Cabrera que se citarán después- despertaron la codicia de oro y
de hierro del mundo romano. El mundo romano dejó una huella
profunda por minas, fraguas, caminos, y sembró estas tierras de
una abundante toponimia. El camino del Cebreiro fue uno de los
pasos decisivos de la entrada de los ejércitos feudales que
barrieron la temprana, airada, humana y prodigiosa revolución
campesina de los irmandiños. Por las tierras del Incio, del
Courel, del Cebreiro -y también de las Cabreras- anidaron
hombres casi heroicos, huidos de la represión de una época, con
el soplo permanente de la muerte en los talones y en la nuca;
hombres también violentos para tener que comer, hombres que
marcaron las tierras, la época, y la memoria del futuro. Por las
tierras del Cebreiro pasaron y pasan riadas de peregrinos y de
turistas del camino de Santiago. Las tierras del Incio, del
Courel y del Cebreiro sedujeron a dos de los grandes escritores
de lengua gallega: Uxío Novoneyra, un poeta recio, fino y
comprometido, y Anxel Fole, un prodigioso narrador. Para ir a
estas tierras desde Melón de Abaixo, su pueblo natal, salía por
las tierras de Leirado, Sacardebois, A Teixeira y llegaba hasta
Parada del Sil. Cruzaba el Sil en una barca (4) y subía hasta
Amandi que pertenece a Sober; después llegaba al Irato. Del
Irato iba a Puebla de Brollón y trabajaba estas tierras. Llegaba
al Incio; del Incio a Nogales que linda con Piedrafita del
Cebreiro y Piedrafita del Cebreiro linda con los términos de
Becerreá y de Triacastela. De Piedrafita llegaba a las tierras
del Puente de Lóuzara y a las tierras del Courel hasta Seoane y
Folgoso. Para la vuelta a Melón de Abaixo solía seguir el mismo
recorrido y tomar de nuevo la barca en Parada del Sil. Todas
estas tierras fueron las que absorbieron la mayor actividad de
su profesión, hasta que la edad le hizo reducir sistemáticamente
el radio de acción.
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Dos: Luis
Abad Pérez recorrió las tierras de la Cabrera Baja, desde El
Puente de Domingo Flórez hasta La Baña. Tierras ancestralmente
humildes, de hombres y mujeres pequeños y correosos, consumidos,
encorvados a la tierra; de un idioma entre gallego y castellano,
de pobres y estrechas vacas de trabajo; de casas y poblaciones
de lajas negras, de cantos y piedras, escalonadas o colgando por
las laderas en un prodigioso esfuerzo de adaptación al entorno
que es luz, lluvia, rocas, agua, nieve; de palomares nacidos
como peñas o robustos troncos mudos; de caminos y atajos
zigzagueantes marcados por las roderas seculares de los carros
chillones; de música, canciones y leyendas que vienen de la
noche de los tiempos; de humildes iglesias y ermitas y de
cementerios que se los traga la tierra. Una tierra regada por el
Cabrera que da el nombre a toda la región y que fue la fuente
primordial del agua de las Médulas, hoy Patrimonio de la
Humanidad. Una tierra olvidada secularmente de las
preocupaciones del poder. La Cabrera se hunde hoy día en la
despoblación, la indiferencia de la Administración, la ambición
de los negocios despiadados que provocan sus canteras, la
mezquina idea oficial de que el pasado campesino es poco menos
que una vergüenza pública; la imposición del "progreso" del
cemento y del turismo rural. (5) Por la Cabrera se han
interesado Ramón Carnicer que pagó caro la osadía de llamar a
las cosas por su nombre. Concha Casado Lobato, mujer fuera de lo
común, que investigó el habla y que lucha a brazo partido por
detener la destrucción y recuperar la antropología de sus
tierras. Manuel Garrido, habitante de la Cabrera, comprometido,
culto e investigador, y Pilar y Severino, pintores, matrimonio
que abandonó la molicie de Madrid para afincarse en el hábitat y
en las gentes de estas tierras. La Cabrera la trabajó un año en
dos temporadas. Era el primer año de su vida ambulante. No
volvió porque la respetó para el que ya la controlaba: un primo
suyo.
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Tres. Luis
Abad Pérez anduvo por las tierras de Viana do Bolo, A Veiga, O
Bolo y El Barco de Valdeorras, tierras hundidas en valles
profundos, pero más accesibles y franqueables que las citadas
anteriormente. El río conductor es el Bibey, con el célebre y
soberbio puente romano, casi integro, y su afluente el río Xares.
A izquierda quedan las sierras de Fial das Corzas, la del
Invernadeiro -declarado Parque Natural-, y la de Chandreixa de
Queixa; y a derecha, Sierra Calva, y Sierra del Eje que separa
las provincias de León, Zamora y Orense. El centro espiritual de
este recorrido es "Las Ermitas", impresionante construcción
barroca colgada de una abrupta geografía. Ya de antiguo se
trabajaron los viñedos en bancalesque se continúan por toda la
vertiente del río Bibey y seprolongan por el profundo cañón del
Sil hasta su desem-bocadura en el Miño. El cultivo de los
viñedos en pendientes y laderas escabrosas, y todos en rigurosos
banca-les, es muy posible que sea uno de los hechos más
conseguidos de adaptación del hombre al entorno, un entorno
duro, escarpado y muy peligroso. Muchos de estos trabajos están
resucitando. Debieran de ser declarados Patrimonio de la
Humanidad. Para estos caminos salió de Melón de Abaixo por
Castro Caldelas y se acercó a Montederramo. Este itinerario le
hizo en contadas ocasiones. Recuerda cuando lorecorrió con el
albardero de Fondo de Villa, una aldea próxima a Melón de Abaixo.
El albardero de Fondo de Vila se independizó y se estableció por
su cuenta. Desde el Barco se acercaba a Piedrafita del Cebreiro
por Rubeana, Barxa y Vega de Valcárcel. Para volver a casa desde
Piedrafita cogía un coche de línea a Samos y Monforte. Cuatro.
La cuarta ruta que siguió en su larga profe-sión fue desde El
Barco de Valdeorras hasta Monforte por La Rúa, Quiroga y Puebla
de Brollón. Eran tierras más dulces, serenas, cálidas y
productivas. En la Rúa no se detenía, pasaba de largo. A la
salida podía admirar el profundo y largo túnel que perforaron
los romanos para desviar las aguas del Sil para los lavaderos de
oro. El pueblo lo llamó, el monte horadado, "Montefurado". De
Quiroga en adelante tenía que cruzar el río que nace en las
entrañas del Courel y que el pueblo también bautizó con el
nombre de río del oro, "Río Lor". Para la vuelta a casa desde
Monforte cruzaba las tierras de Sober y las de Amandi, llegaba a
Parada del Sil, cruzaba el Sil en barca, y por Sacardebois, A
Teixeira y el Eirado aterrizaba en Melón de Abaixo. Es ésta una
geografía que oscila entre valles, montañas, ríos grandes y
pequeños, arroyos y regatos, laderas y praderías, bosque y zonas
de matorrales.
Luis Abad
Pérez aprendió el oficio de albardero por sí mismo. Su padre era
carpintero, pero él quería otra cosa, albardero por ejemplo,
porque el oficio de albardero tenía salida, era un buen oficio.-
Preferí las zonas de montaña del interior de Lugo y las montañas
de León porque no se daba o se daba muy poco el trabajo de
albardería y porque ampliaba el trabajo de los aperos de
labranza. Comenzó de ambulante en el mes de Junio del año 1.940.
Tenía 18 años. Los comienzos fueron con un primo de 32 años de
edad, casado, de la familia de los Blancos,
guarnicioneros-albarderos de Orense. De los Blancos sacó mucho
material y muchas ideas. Los Blancos eran tres hermanos, tenían
ocho operarios. Hacían albar-das que enviaban para Castilla y
para León por Cacabelos. Hacían tres, cuatro, albardas diarias y
además trabajaban para el ejército. Eran los años 40...- Salí
desde mi aldea natal, Melón de Abaixo, en Ésgos, -Orense-, hasta
El Barco de Valdeorras en coche de Línea. (6)Desde el Barco de
Valdeorras llegó al Puente de Domingo Flórez, "Puerta de la
Cabrera"; del Puente a S. Pedro de Trones, y de S. Pedro de
Trones a La Baña. El recorrido lo hicieron en una caballería,
que se convertirá en el medio sistemático de traslados y
movimientos de toda su larga vida.

Estas tierras
de la Cabrera las trabajó un año en dos temporadas, y decidió
separarse de su primo. Había aprendido lo suficiente, no quiso
inmiscuirse en su parroquia, y no veía suficiente futuro. Eran
tierras demasiado humildes y decidió montárselo por su cuenta.-
Con mi primo mantuve las mejores relaciones del mundo. Fuimos
siempre más que amigos, fuimos herma-nos hasta que murió hace
unos años. Ejerció siempre de albardero y se especializó en
cribos y cedazos. Nunca salió de La Cabrera. Hizo dinero. Luego
llegó la mili. ¡Tres años! Empezó en A Coruña, pasó a Lugo y
luego a Logroño. De Logroño pasó por Zumaya, Rentería e Irún. Le
destinaron a oficios de albardería. De la mili no tiene buen
recuerdo.- Era una cosa que no se aguantaba, el cuartel... Lo
peor fue en la Coruña. Teníamos unos jefes que eran pe-ores que
la piel del diablo. Lo mejor de la mili lo pasé en Lugo, allí
estaba como en casa. Se licenció en el 44, volvió a su pueblo en
mayo; por noviembre agarró los bártulos y salió a ganarse la
vida. Había tenido ya varias novias y en el 47 conoció a su
futura mujer. Se casaron el 14 de agosto de 1.950. Tuvieron 7
hijos.- ¿Qué tal soportaba ella sus ausencias sistemáticas?- Era
lo que sucedía por aquí. Las familias eran muy numerosas. La
tierra es pobre. El hombre que no salía no valía para nada.
Había que ganar una peseta. Se salía a Caballo con montura a
Castilla y se emigraba a Brasil, Cuba, Méjico o a Esta-dos
Unidos. Esto era antes de irse a Europa. De Melón de Abaixo
surgió Luis Abad Pérez, albardero. De Cernada y de Fondo de
Vila, dos humildes al-deas cercanas a Melón de Abaixo, salieron
dos albarderos más y de gran fama. El de Cernada se afincó en
Sarria, y el del Fondo de Vila en Verín. Una ley fundamental era
no hacerse competencia entre los mismos clientes. Otra era que
cada albardero se buscase su propia parroquia.-
Era muy
importante ser conocido ya; las familias para las que trabajabas
no tenían entonces problemas para recibirte y meterte en casa
porque sabían quién eras. Hubo casas en las que paré desde el
primer día hasta el día de mi jubilación. Por los pueblos que
pasaba y no conocía, no me detenía.- Aprendí de ambulante.
Fueron unos comienzos muy duros. Estuve muchas noches sin pegar
ojo. Observaba, pensaba, pero nada se me ponía por delante. Y
siempre me sobró la suerte. Fue una época muy dura aquella de
los primeros años del franquismo. Luis Abad cuenta que fueron
años de hambre, de represión, de salvoconductos, tiempos de
campesinos y tiempos de ferias populosas. Y fueron los tiempos
de los escapados. De gran fama fue Velasco por Vega de
Valcárcel, Girón por la Cabrera y Amadeo por el Bierzo. (7)- Los
escapados no sólo robaban, también daban buena leña y palizas
que dejaban tiritando. Pero a mí nunca me hicieron nada. Había
otros que colaboraban con ellos, por ejemplo un concejal de
Piedrafita que les llevaba comida y pertrechos. Había otros que
también robaban y oprimían y que no eran escapados, eran
atracado-res. Los atracadores esperaban a los feriantes de
Piedrafita; a la salida de Piedrafita hacia el Cebreiro, en la
fuente que hay a la izquierda, les hacían depositar las carteras
en una manta y les dejaban en blanco; así hicieron muchos
cuartos. Hubo también un grupo de mozos que quisieron hacer una
risada después del paso de los escapados y recibieron una
panadera que quedaron buenos. Luis Abad estuvo en medio de la
refriega y se libró de milagro. El dueño de la taberna, un
viejo, estuvo quince días en la cama recuperándose de los
estacazos.- También fue el tiempo de la Guardia Civil. Cuando
escapados o atracadores andaban por un sitio, ellos andaban por
otro. Cuando se les decía: "los fugados andan por ahí, ¡ dónde
iba la Guardia Civil"! La Guardia Civil también extorsionaba y
exigía cobros. Era temible, ya se sabe, aquellos tiempos... Yo
ví a uno que llamaban "el veneno", hombre pequeño y mezquino. Y
ví al "Ramón", la cosa más mala que por allí se crió. Pegó cada
paliza...¡bbrrrr..! Y a un tercero que violentaba a los tenderos
de Piedrafita para el medro de su familia y remató mal...Mas a
mí, también me ayudó la Guardia Civil con los salvoconductos.

En una
ocasión me invitaron a comer al cuartel y me confirmaron que
podía moverme de ambulante con plena libertad. El Sr. Luis,
albardero, sabía estar y arriesgar. Arriesgar incluso los
cuartos cuando las necesidades de alguien lo exigía. Era
frecuente que prestase 10, 15, 20... pesos(8) a los hombres que
iban a la feria, dinero que le devolvían religiosamente a la
feria siguiente; o los 600 que prestó a un conocido para que
comprase una pareja de bueyes. O prestar su propia caballería
para que otros fueran a la feria.- Y no crea que me pesó todo el
bien que hice. Jubila-do ya, recorrí esas tierras con un hijo
que vino de México, fui recibido como un dios. Aquello era de
una gran alegría. Hizo de las grandes poblaciones el centro de
operaciones. Salía de ellas de quince en quince, de veinte en
veinte, o de treinta en treinta días hasta que remataba el
trabajo de la zona. Otro centro importante de operaciones eran
las ferias. Eran célebres las ferias Del Barco, de Quiroga y de
Piedrafita. A las ferias del Barco y de Quiroga bajaban las
gentes de la sierra y venían las gentes de los valles. A las
gentes de la sierra, los valles les parecían el paraíso,—
Cabezadas en un puesto de feria -Anxel Fole—, y a las gentes
que pululaban por las ferias de las tres villas, los infinitos
tenderetes y puestos de frutas, de verduras, y hortalizas; pan
de maíz, de centeno y de trigo; empanadas, roscones y bicas;
aceites de la tierra; manteca, jamones, chorizos, pollos y
conejos; pesca-do de mar y de río; ovejas, cabras y corderos;
mulas, machos, burros, porcos, chotos, vacas, y bueyes... mas
todos los tenderetes de herreros, herradores, albarderos,
al-fareros, componedores, cesteros, zoqueros, pellejeros,
carboneros o costureras..., todo aquello era para ellos la
abundancia de la Naturaleza. Por los años cuarenta y pri-meros
cincuenta del siglo XX, sólo había una sombra los asaltos de
escapados y atracadores. Luis Abad, albardero, prefirió por
encima de todas, las ferias de Piedrafita del Cebreiro.
Las ferias
le servían de puntos de contactos, de acuerdos de trabajo. No
montaba en ellas el taller ni reparaba. (9)- Apuntaba en una
libreta los contratos y después hacía el trabajo por los
pueblos. Trabajaba para los campesinos, para los médicos y para
los curas; en sus propias casas. (10)- Siempre tuve una gran
parroquia, y suerte, y mucho trabajo, y mucho responder de él.-
Hice albardas, pero también hice albardones, mullidas, alforjas,
monturas, galápagos, cabezadas, atafales, collerones de mulas,
retrancas y zufras. Sin embargo, los collerones, las retrancas y
las zufras era una obra más propia de guarnicioneros que de
albarderos. También hice petacas, cedazos, cribos, y manguitos
para la roza del os tojos, pero eran circunstanciales.- ¿Quiere
que le explique cómo hacía una albarda? Se precisaba lona
-lienzo, tela-; estopa, paja, cuero, hierro, agujas, hilo gordo,
un carrete de cera y la tabla. Se diseñaba según un molde. Se
cortaban las fundas de cuero. Se cosía. Se llenaba de paja de
centeno bien extendida. Se recosía por abajo. Se ponía el arco
que era un armazón de hierro y se le recosía a la paja. Se metía
paja de nuevo, pero poca paja. Se volvía a coser, y al hacer
estere cosido se ponía el cuero que podía ser piel de cerdo, que
era muy buena, de piel de caballo o de piel de becerro. Por fin
se hacía el estambrado, que era el coser a la albarda unas
almohadillas por delante y por detrás; las almohadillas se
llamaban estambrillas. Una albarda podía tardar en hacerse uno o
dos días. Había varias clases de albardas: grillotes, cuadradas,
galápagos y la albarda gallega. La albarda gallega era distinta
de las otras, era más larga, tenía unos brazos por detrás, era
levantada por delante, no llevaba hierros y só-lo llevaba paja.
La albarda gallega era buena para eltransporte de las ollas del
Valle de Maceda: Tioira, Niñodaguia y Ésgos, y por las tierras
de Cea. Luis Abad nunca las hizo porque no se usaban por las
tierras que trabajó. (11)- Siempre llevaba conmigo todo el
instrumental que precisaba: medias lunas, uñetas, agujas, hilo y
la cera pa-ra el hilo, martillo, saca-bocaos, leznas,
pasacuerdas, rayadores, matacantos, tijeras, puntas, la tabla,
más los moldes de los aperos o los moldes de las letras...
Un material
primordial era el cuero. Los cueros se obtenían de diversos
animales: de las vacas se sacaban los cueros para los correajes:
atafales, retrancas, cinchas, ramales... De los becerros, los
cueros para las alforjas, las albardas y las molidas de las
vacas. De los bueyes se sacaba el cuero para el material más
gordo. De los caballos, ovejas y cabras se obtenía el cuero para
las albardas y albardones y de los cabritos el cuero para los
fuelles. De la piel de los conejos se sacaban cobertores. De los
cerdos se sacaba piel para albardas, albardones y cribos. El
cuero mejor era el que salía de los lomos y de los alrededores
de los lomos de los animales, se llamaba el sillero, y el mejor
sillero era el de las vacas. (12)Cualquier buen albardero
discernía sólo por el tacto de qué animal y de qué parte del
animal era el cuero que manejaba. El cuero lo compraba en
Orense, en casa de sus parientes, "Los Blancos". También lo
adquiría en Ponferrada por la cercanía de las tierras por las
que trabajaba. La compra del cuero en Ponferrada la hacía desde
su centro de operaciones: Piedrafita del Cebreiro. Para bajar a
Pon-ferrada dejaba la caballería y cogía el coche de línea.
También compraba en Monforte, en Allariz y en Acea de Meire,
cerca de Allariz; pero el cuero de Acea de Meire no le gustaba.
Las compras del cuero en Orense, Monforte, Allariz y Acea de
Meire las hacía en los meses de estancia en Melón de Abaixo, su
casa, por la cercanía de las fábricas y almacenes de curtidos.
(13)Otro material indispensable era la estopa del lino. En
ocasiones la casa que pedía las reparaciones o la fabricación de
una albarda o similares, ponía el cuero y sobretodo la estopa
para los albardones. El tercer material era la paja. La mejor
era la de centeno. (14) Y un cuarto material era la lona, la
tela de re-lleno para las albardas. Esta tela se obtenía del
restos de ropas viejas y la ponía la casa para la que hacía las
albardas. Cobraba al contado y en dinero; pagaban bien. Si no
podían pagar, fiaban.

En los años
anteriores a mi jubilación fui cortando el círculo del trabajo,
y hubo gentes de las tierras ya abandonadas que me enviaron a
casa los pagos atrasados. Los caminos y los atajos eran de
sierra, caminos y atajos duros, ásperos, escarpados,
intrincados, todo lo que se diga es poco.- No había casi
carreteras, no había nada. Lo que existía eran subidas, bajadas,
cuestas, pendientes; así que el único medio de transporte era
una caballería. Para que los carros no tomaran la pendiente
cuesta abajo, se ataba detrás de él una yugada o dos de vacas
para que frenaran el descenso. Para arrastrar el carro cuesta
arriba se precisaban, entonces, dos yugadas. Los desniveles de
las roderas de una rueda sobre otra eran tan desequilibrados en
ciertos tramos, que los hombres tenían que sujetar el carro para
que no volcase, y a veces volcaba. La caballería la alimentaba
en las posadas por donde pasaba o en las casas por donde
trabajaba. La alimentaba con paja mezclada con salvados o
cebada, era el "pienso"; con hierba, y a veces con patatas, con
maíz, o con castañas hechas harina. La harina de castañas era
muy nutritiva, y con un "pienso" al día, llegábala bien. Pero
con la harina de castañas había que tener cuidado, era muy dulce
y hacía que las caballerías, y bueyes y vacas también, la
tomasen con tales ganas y tal ansia que podía hacerles mal,
volverles violentos o volverles locos.
A veces volvía a
casa en la caballería. Había ocasiones en que le cuadraba coger
un autobús. Pero autobús sólo había desde Seone, en el Courel;
en Piedrafita, en Lóuzara y en Incio. Cuando regresaba a casa, a
su aldea natal, Melón de Abaixo, sin caballería, la dejaba en el
último pueblo del trabajo, y allí se la cuidaban hasta que
regresaba. Hubo ocasiones en que se pasaron dos años sin ir a
buscarla. Se alimentaba de patatas, berza, carne, pan, huevos,
chorizo, leche, y castañas que había muchas y de modo especial
por las tierras del Lóuzara, del Incio y del Courel; por
tierras de Quiroga -llamada la "Puerta del Courel"- eran de gran
fama los "sequeiros", las casetas donde se las ahumaban para
secarlas y conservarlas a lo largo del invierno y del resto del
año. Las castañas se comían crudas, cocidas, asadas, pilongas,
con leche o con aguar-diente.- En las casas que me daban
trabajo, comía en la mesa con las gentes de la casa, y dormía en
camas, o en haces de pajas con unas mantas. Eran todos de una
gran hospitalidad. Si no podía dormir en las casas del trabajo,
dormía por las tabernas o por las posadas. Y siempre fuí bien
tratado. Era como un médico. Salía de su casa por el mes febrero
y regresaba en Julio. El mes de Julio y Agosto los pasaba con
los suyos trabajando en las faenas del verano. Al final de
agosto emprendía las caminatas de albardero; regresaba a casa
para las fiestas de Navidad y descansaba todo el mes de Enero.
Sólo enfermó una vez y fue del tifus, que curó en el Incio. De
los catarros no hacía ni caso. Escribía a su familia cada 15
días y los suyos le con-testaban durante los 15 días siguientes.
Estaba siempre en contacto con ellos, siempre tenía carta. Se
las guarda-ban en la casa donde paraba o se las guardaba el
cartero de la zona. El dinero lo enviaba a casa por banco. Tuvo
7 hijos. Del nacimiento de sus siete hijos pudo asistir al de 5.
Al de los otros dos llegó dos días después. En el segundo caso
de estos dos, estaba en Pardeconde, una aldea relativamente
distante, y le dijo una moza: Luis, has tenido un hijo.- Carallo,
me dije. Dejé la mula y me vine corriendo a campo a través.
Llegué agotado.
De sus andanzas
por esos mundos de dios, recuerda muy bien el trato de las
gentes, el duro trabajo y la producción del campo:- Del centeno,
-o pan, en galego- sacaban una amplia gama de productos: harina
para el pan, los haces de paja para los tejados o colmo-, la
paja para quemar la piel de los cerdos, los haces -os fachóns-
para alumbrarse y protegerse del lobo en las idas y venidas de
las ferias, la paja para los jergones; la paja para los
collerones, para las albardas, para hacer las mantas para las
vacas, para los capuchones de las corozas, o para el trenzado de
varios productos de cestería. Del lino -o liño- sacaban las
ropas y las estopas para cuerdas y para la confección de
albardas y albardones. Del maíz, -o millo-, sacaban harina para
pan de maíz y para los animales, de modo especial para comida de
los cerdos, y de las hojas finas sacaban paja para los jergones
de grandes y pequeños. De las pata-tas, -as patacas, el plato
esencial para la casa, para los grandes medianos y pequeños, y
en años de abundancia se daba a los animales. De las castañas
-as castañas-, ya se habló. De la hierba -a herba-, el alimento
de los animales en las largas invernías; cuando empezaba un
tiempo mejor allá por marzo-abril, soltaban bueyes, vacas y
caballos a los prados; podían hartarse tanto que podían empachar
y se les curaba echándoles aceite en la boca y haciéndoles comer
xestas negras "-escobas-" que les ataban por encima de la
cabeza. Había robles -carballos inmensos y muy abundantes, las
gentes sacaban leña para los fogones, as lareiras; madera para
todo, y bellotas para alimento de las gentes y de los animales.
De los tojos -os toxos- recién cortados sacaban "o estrume",
primera fase de la basura de las cuadras, y después "o esterco",
que era o estrume ya fermentado en la cama de las cuadras. La
roza y el acarreo del tojo era uno de los trabajos más duros.
Mientras él ganaba la vida por esos mundos de dios, su mujer
sacaba adelante la casa: los trabajos del campo, de los animales
y el oscuro y profundo cuidado de los hijos, -que fueron 7-, más
el cuidado de los cuatro abuelos, que vivían con ella.- Había
que trabajar las huertas, las patatas, el maíz, el centeno
cuidar los cerdos y las vacas; los cerdos eran de primera
necesidad por los jamones, los chorizos y el tocino, y las vacas
eran esenciales para el trabajo del campo, y para leche; con los
chotos se sacaban unos pe-sos en las ferias de Maceda.
Tuve que buscar
un criado; yo ganaba en un día lo que él me gastaba en
diez. Y
así fue la vida....-
La última pregunta, Sr. Luis: ¿si volviera
a nacer, volvería de albardero?- ¡Sí, oh, volvería!
(15)NOTAS(1).- Hemos recorrido en varias ocasiones las tierras
de estos itinerarios. Puede haber, con todo, errores de
percepción dado que los caminos y atajos de los que se tuvo que
servir Luis Abad Pérez han sido olvidados o tragados por la
vegetación, por nuevos trazados o por la mejora de los
viejos.(2).- El techo de colmo se combinaba con los techos de
lajas de pizarra. Hoy día el colmo ha desaparecido o está en un altogrado de descomposición irreversible. La pizarra se
conserva.(3).- Una de las aldeas más impresionantes es Seceda,
de Incio al Courel. Se está recuperando y restaurando con casi
rigurosa precisión y respeto al pasado y a las gentes que aún
quedan. Es recomendable pensarse dos veces hacer el camino por
la escarpa-da y escalofriante pista.(4).- El paso por barca ha
sido suprimido ya por la construcción de un puente sobre la cola
de un embalse. Pero la barca sigue aún allí.(5).- Existe una
Asociación de Amigos de la Cabrera. A ella pertenecen personas
de una extensa gama de actividades o posiciones sociales. En una
de las visitas de concienciación participaba un miembro de la
extensa nómina de ex-ministros franquistas. Caminaba con lujosos
zapatos, corbata, chaqueta cruzada azul marino. Y la máquina de
retratar. Era la nota más ex-abrupta del paisaje cabreirés.(6).-
Ramón Carnicer
describe el ruido del motor como el ruido de mil cucharillas. La
velocidad media por las obligadas para-das, la circulación por
aquellas endiabladas carreteras, las esperas de los viajeros por
conversaciones con antiguos conocidos, recados que recoger y que
devolver, escapadas del chofer para sus obligados y puntuales
ligues... podía alcanzar 15-20 kms/h. La baca se dedicaba al
transporte de viajeros bien acomodados en pertinentes
banquillos, y de los trastos de los viajeros; mas pronto
desapareció por la lluvia que se tenía que soportar o por el
polvo que se tenía que tragar. Con todo, aquellos mastodontes
eran un gran adelanto y les llamaban "los americanos". En el
interior viaja ba
todo dios: trastos, personas y animales; muchos de los coches de
línea tenían reservada la parte de atrás para vacas, bueyes,
caballos, mulas..., con sus ventanillas de barrotes para
respiración;¡hasta el transporte escolar se utilizó para los
días de ferias con toda la chiquillería dentro! Esta amalgama de
elementos fue desapareciendo a lo largo de los años ochenta del
siglo veinte y aún pueden observarse en los cementerios de
autobuses; uno de los más copiosos cementerios estuvo en
Villalba, de Lugo.(7).- El tema de los "escapados" es una
referencia necesaria en la obra de Ramón Carnicer, Manuel
Garrido, Julio Llamazares...autores que hablan de la vida de la
Cabrera o del Bierzo. Existe todo un movimiento investigador
para recuperar la memoria de estas gentes en la literatura
castellana, en la literatura gallega y en la literatura
portuguesa, así como Encuentros y Congresos. Un buen estudio
sobre los maquis es el de Secundino Serrano, Ediciones Temas de
Hoy, 2.001.(8).- 1 peso fue 5 pesetas. El "peso" ha sido la
referencia número uno de las gentes campesinas de Galicia. La
"peseta" cuajó poco. Por ferias y mercados -los centros
tradicionales de intercambio antes de la llegada de
supermercados y de la vuelta de los emigrantes- se entendieron
en "pesos". A los ancianos y ancianas, el euro les es un lió,
les parece de otro mundo y lo siguen transformando en
pesos.(9).- Parece que éste era un comportamiento general de la
profesión. En Castilla pasaba lo mismo. Pero en Castilla parece
que gustaban de poner además el tenderete a las salidas de la
misa de los Domingos, cosa que no he encontrado por Galicia.
Quizá porque la gente tenía otras costumbres, por ejemplo,
visitar a los muertos, rezar por ellos y llevarles un religioso
ramo de flores todos los domingos.(10).- El trabajo de un
albardero para médicos y curas se ex-plica por el hecho de que
para ejercer su profesión por la abrupta geografía poblada de
villas, pueblos, aldeas, casales o casas perdidas, tenían que
trasladarse en caballerías.(11).- El Valle de Maceda fue siempre
una zona de grandes alfareros y compitieron con las prestigiosas
alfarerías del resto de Galicia, del Norte de Portugal, de la
Maragatería, (León), de Arrabal de Portillo (Valladolid) y de
Pereruela (Zamora).

En las tradicionales ferias de Alfarería de
Zamora por S. Pedro, rivalizan con las más prestigiosas firmas
del resto de la Península. Su sello distintivo es el color
amarillo suave que le da el barro de la tierra.(12).- Esta es la
opinión de un hombre que dedicó toda su vida a la profesión de
albardero. En el trabajo de investigación decampo puede
comprobarse que cada albardero o cada guarnicionero tiene sus
preferencias.(13).- Allariz llegó a ser uno de los grandes
centros de curtición de Galicia; fue similar a Vaillarramiel
-Palencia-. En Allariz se han recuperado al menos tres centros
de curtición en lo que se viene llamando "arqueología
industrial" y se han respetado ínte-gramente las estructuras, el
material, el instrumental, los procesos y el entorno. Acea de
Meire está a unos pasos de Allariz. El curtidor de Acea de Meire
se acaba de jubilar y ha desmontado todo el "obradoiro".(14).-
Muchas personas no gallegas se preguntan por qué los campesinos
gallegos realizaban "la trilla" apaleando sólo las espigas de
las mieses, -que eran el centeno-, cuando conocían muy bien el
más rápido y menos trabajoso sistema del trillo que tantas veces
habían visto por la Meseta. La "trilla" de Galicia se llama la
"malla", el equivalente a la "maja" de otras tierras. La "malla"
es recordada como uno de los trabajos más duros del campo y unos
de los trabajos más emblemáticos de vida comunal. El labriego
gallego nunca fue tonto -"parvo" en lengua nativa-precisamente,
y haber machacado -trillado- la paja como en Castilla no le
hubiera permitido aprovechar la caña del centeno para aspectos
tan varia-dos como los que se han ciatado.(15).- En lengua
gallega, la expresión "oh", da fuerza afirmativa o negativa casi
definitiva al contexto que se habla. |