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En este artículo nos vamos a ocupar de una construcción
realizada en madera, concretamente una pontella (un
pontón) localizada sobre el río Lóuzara en la parroquia de Seceda (O Courel). Ciertamente la madera es un tipo de
material poco utilizado en la construcción popular.
Para el
clima sumamente húmedo de Galicia, la madera no es precisamente
un producto del que se espere una larga pervivencia. En ello hay
además ingredientes culturales: la preferencia por la piedra
está en la base de la búsqueda de la transmisión perenne de un
bien; del orgullo por poseer algo consistente y duradero; y en
fin, de la plasmación de una obra inmortal cuya segura
prolongada existencia es una garantía de la pervivencia
espiritual de las vidas finitas de sus promotores a lo largo de
los tiempos en las mentes de los futuros herederos. Aún todavía
en la actualidad hay una clara preferencia por la vivienda de
piedra frente al empleo de los modernos materiales como el
ladrillo o la madera. Se aducen razones prácticas y económicas a
largo plazo que compensan las fuertes inversiones iniciales,
pero en el fondo es una pura excusa: la satisfacción y orgullo
del poseedor de una vivienda de piedra apenas se disimula.
Volviendo al Courel no debemos olvidar que nos encontramos
en la zona montañosa oriental de Galicia, caracterizada por un
sustrato geológico muy antiguo integrado por rocas metamórficas
donde está ausente el granito de dos micas. Esta aparente
dificultad no ha dejado de tener sus aspectos positivos. La
construcción de una casa en estas comarcas era mucho menos
costosa que en la Galicia atlántica, pues las rocas esquistosas
son muy abundantes y muy fáciles de obtener. Las grandes losas
de pizarra sustituyeron a la teja como elemento de las
techumbres. Sin embargo, el principal problema con el que se
enfrentaron estas gentes fue el de buscar un sustitutivo para
los largos sillares necesarios para dinteles y pasos de arroyos.
Las pizarras no permiten la obtención de tales elementos. El
recurso al arco era una posibilidad, pero apenas fue utilizado.
Se prefirieron las largas vigas de carballo (roble),
fáciles también de obtener, muy duraderas a escala de varias
generaciones, y de más rápida aplicación que el planteamiento de
una arquería. Además, a largo plazo su sustitución en caso de
deterioro era también tarea sencilla.
La pontella que vamos a estudiar a continuación se
encuentra junto a la carretera que de Ferraría do Incio (O Incio)
conduce a Folgoso do Courel, a la altura del desvío a Cortes,
inmediata al actual puente del vial. No está señalizada, y su
estado de abandono es absoluto.
Tiempos atrás sirvió para cruzar el Lóuzara dando servicio al antiguo
camino que recorría la garganta del río. El entorno está muy descuidado,
con abundante vegetación, denotando que este viejo camino ya no se
utiliza. Pero mucho peor es el aspecto ruinoso que presenta la
pontella, cuyo paso reviste ya una cierta peligrosidad, pues al
intentar cruzarla, notamos como algunas tablas se encontraban podridas y
cedían bajo nuestro peso, amenazando claramente su hundimiento.
En este punto el Lóuzara es ya un verdadero río de montaña, con un
relativamente abundante caudal para este tipo de corrientes,
discurriendo encajonado en el fondo de su valle en V, y con una anchura
de unos 10 m.
La pontella mide de largo unos 12 m., por unos 3,5 m. de
anchura, y se alza unos 4 m. sobre el lecho del río. Para su
construcción se levantaron en ambas orillas unas altas y anchas
plataformas integradas por una gran acumulación de rocas pizarrosas.
Estos cubos tenían por objeto el alejamiento en altura del tendido del
puente respecto de la corriente, así como la búsqueda de una cierta
nivelación en relación con el trazado original del camino, y obviamente,
la búsqueda de unos puntos de sujección consistentes de la estructura a
ambos márgenes del río.
La estructura arquitectónica del maderamen de la "PONTELLA" se
resolvió del siguiente modo:
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Se tendieron de un lado a otro de la citada plataforma un conjunto
de 6 troncos enterizos de 30 cms. de espesor dispuestos unos junto a
otros;
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la anterior unidad se asienta sobre una armadura alojada en las
plataformas pétreas compuesta, comenzando de abajo hacia arriba, por dos
cortos troncos proyectados que sostienen otro tronco transversal sobre
el que se apoyan los maderos anteriores;
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para reforzar la consistencia de los troncos longitudinales, por
debajo de éstos, y hacia el centro se dispuso una estructura de tres
troncos transversales superpuestos fijados con tablas. Además, se
complementó esta unidad con un largo tronco que desde la base de una de
los cubos se dirige en diagonal hacia la anterior unidad. Asimismo, otro
vara fija a aquel con los troncos longitudinales, para evitar
desplazamientos laterales de este sostén inferior la superficie del puente en concreto se compuso de una sucesión de
tablas clavadas a los troncos largos de unos 15 cms. de espesor;
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por último, la pontella se dotó de una rudimentaria
barandilla formada por varas delgadas, alargadas e irregulares alojadas
en columnillas levantadas sobre las plataformas de las orillas y unidos
por pies de rey situados a ambos extremos y en el centro, clavadas a los
troncos transversales inferiores.
Hasta aquí la descripción de esta interesante construcción popular, la
cual por su rareza nos pareció interesante el dedicarle este pequeño
estudio. Tema aparte es el determinar su antigüedad, sobre la que no
pretendemos pronunciarnos, toda vez, que al ser su entidad lígnea no nos
parece de una especial importancia el componente cronológico, toda vez
que primero se habría de aclarar desde cuándo se utilizó este camino de
comunicación interna de la comarca, y además habría de indicarse si
antaño hubo alguna otra alternativa de vadeo de la corriente. Además, al
tratarse de una construcción en madera, es de suponer, que al margen de
su mayor o menor antigüedad, las reparaciones quizás fuesen continuas y
numerosas.
A nuestro juicio, la importancia de esta pontella radica en
que nos pone en contacto con una más que interesante construcción
popular, referente de una comarca caracterizada por la ausencia de
granitos. En general, los estudios etnográficos tradicionales apenas se
ocuparon de este tipo de soluciones, siendo las menciones muy
ocasionales. Sin embargo, el recurso a estructuras de madera para cruzar
ríos estuvo más extendido de lo que en primera instancia se podría
suponer. En efecto, las alusiones en trabajos poco conocidos centrados
en zonas muy concretas no dejan de ser, aunque escasas, hechos ciertos.
Tal vez, la mayor consideración dispensada a las obras de piedra,
testigos aparentemente incólumes de tiempos muy remotos, aparte de la
caducidad de las construcciones en madera, probablemente sean las causas
de este desconocimiento.
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