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En lo más recóndito de la sierra
de O Courel aún quedan lugares casi desconocidos incluso para
los mismos lugareños, que esconden una notable riqueza
paisajística, histórica y etnográfica. Uno de estos parajes es
el Alto dos Castros, situado entre el Teso da Pallosa y el monte
Formigueiros, una zona antes frecuentada por los vecinos de
Vieiros y A Seara, ya que iban por allí a pastorear rebaños de
cabras, además de sembrar trigo y centeno.
El camino que lleva al Alto dos Castros parte de la aldea de
Vieiros, en el municipio de Quiroga. De allí sale una pista de
tierra que conduce a Ferramulín y Visuña y que actualmente está
señalizada como ruta de senderismo desde el pueblo de A Seara.
Este itinerario pasa también por la laguna de Lucenza y las
antiguas minas del monte Formigueiros.
Tras avanzar cuatro
kilómetros por esta pista y salvar una
fuerte subida -desde los
961 metros de altura de Vieiros hasta los 1.508 de la cumbre del
monte- se llega a una una amplia planicie, llamada Campa da
Retorta. A la izquierda, a unos 400 metros, se alza el pico del
Alto dos Castros, al que se llega por un estrecho sendero que
sale a la izquierda de la pista.
En la parte más alta del monte quedan restos de un asentamiento
castreño, ubicado en un punto estratégico que permitía controlar
las minas de hierro del Formigueiros y las explotaciones
auríferas situadas en el entorno. No en vano la zona fue
trabajada intensamente en tiempos de los romanos. Prueba de ello
son los rastros que han dejado explotaciones mineras
subterráneas -como las cuevas de Arcos y de Augas- y sobre todo
las minas a cielo abierto, de las que se pueden ver diversos
vestigios: socavones abiertos en la montaña y escombreras
originadas por los grandes movimientos de rocas.
El asentamiento romano-castreño se halla hoy en un estado
ruinoso. Incontables piedras de pizarra aparecen amontonadas
desordenadamente por el paraje, debido seguramente a expolios ya antigüos, además de muchos siglos de abandono e intemperie.
Las
vistas que se dominan desde el castro son espectaculares.
Es uno
de los mejores miradores naturales de la sierra de O Courel.
Pero una de las cosas que más llaman la atención en este lugar
es una historia de tintes legendarios que, según los vecinos de
la zona, ocurrió hace bastantes años. Se dice que en este monte
se encontraron varias cajas o depósitos construidos con lajas de
pizarra en las que se guardaba oro de las minas romanas.
Hay
quien dice haber visto alguna de esas cajas e incluso describe
su tamaño con precisión: unos 60 centímetros de largo y 40 de
ancho. En A Seara hay bastantes vecinos que oyeron hablar a sus
mayores del hallazgo de tales objetos en el Alto dos Castros y
en las proximidades del pueblo. Cuentan que cuando se estaba
arreglando la carretera, por debajo de la iglesia parroquial,
dos vecinos encontraron una de aquellas cajas. Al abrirla vieron
metal brillante mezclado con ceniza de carbón de uz. Uno de
ellos llenó su gorra con el contenido de la caja y se la llevó a
la cabeza. Sin que se diese cuenta, el oro se le fue cayendo de
la gorra, dejando un rastro brillante por el camino.
También se cuenta la historia de un vecino de A Seara que estaba
arando su finca. El arado siempre tropezaba en un mismo lugar y
el hombre se puso a excavar, encontrándose con una de las
célebres cajas de pizarra. Levantó la tapa y vio que contenía un
mineral desconocido mezclado con ceniza.
Al parecer no le dio
importancia y vació la caja por la finca, pero cuando llegó la
noche vio como aquellos trozos de metal brillaban intensamente a
la luz de la luna. Dicen otros que ese oro fue enterrado por los
moros cuando tuvieron que huir de estas tierras. También se
cuenta una historia sobre el legendario libro dos tesouros
, tan presente en el folclore gallego. Según se dice, lo
tuvieron en sus manos ciertos vecinos de A Seara y encontraron
en él las indicaciones para hallar en el Alto dos Castros una
caja que encerraba tres palancas de oro. Cuenta la historia que
fueron tres los vecinos que siguieron estas instrucciones y
encontraron una caja a poca distancia del lugar señalado en el
libro. Estaba abierta y dentro sólo había carbón de uz.
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