Lousadela
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Lousadela figura como casa nº 1 de la aldea de Cortes, la casa de la herrería era casa de soga y cuchillo incluso cantaba con una capilla, la gente de los alrededores hacía carbón de uz. La herrería estuvo funcionando hasta más allá de la mitad del siglo XIX fué propiedad del marqués de Viance, en régimen de alquiler.
En sus fraguas se transformaba el hierro en aperos de labranza y contaba con cinco oficiales y dos fundidores. Un sendero lleva al puente medieval que además era acueducto. A ambos lados del valle del Lóuzara se pueden ver varias albarizas en dirección a Ponte Lóuzara. En la casona de la herrería vivía su último residente hasta el año 2.008 en que fue destruida por un incendio
Origen de la ferrería (siglo XVI)
La ferrería debió construirse en la segunda mitad del siglo XVI. Los primeros datos documentados corresponden a sus arocas (maestros herreros), como Juanes de Ardana en 1596 y Juanes de Fagoaga en 1597. El historiador plantea la hipótesis de que quien mandó construirla pudo haber sido el propio Conde de Lemos, ya que la ferrería pagaba un canon anual a dicho condado, un patrón que se repite en otras ferrerías cercanas fundadas por esa casa nobiliaria.
Los primeros propietarios y foreros (siglo XVII)
- La ferrería estuvo vinculada a la familia Losada-Villasur. Doña Jerónima de Villasur la dio en foro (arrendamiento de larga duración) en 1604 y 1606, primero al licenciado Andrés Díaz do Piñeiro y después a Pedro Martínez de Goicoechea y su esposa Lucía Díaz de Zuluaga.
- Un episodio destacable: entre 1630 y 1641, el hidalgo Diego de Valcarce Losada —tío de Pedro Martínez— tuvo que reconstruir por completo la presa en varias ocasiones tras ser arrastrada por crecidas del río, invirtiendo en total cerca de 2.000 ducados de su propio bolsillo para mantener la ferrería operativa, incluyendo la reconstrucción en cantería para asegurarla definitivamente.
- Por matrimonio, la propiedad pasó a la familia Prada y Losada.
Los marqueses de Viance (siglo XVIII)
A finales del XVII y durante todo el XVIII, la ferrería pertenece a la familia Oca y Prada, marqueses de Viance:
- Carlos Manuel de Oca y Prada la arrienda en 1692 y sigue como propietario hasta su testamento de 1719, donde menciona a sus mayordomos administradores.
- Le sucede su hijo Antonio Bernardo de Oca Prada, marqués de Viance, que en su testamento de 1740-1741 nombra heredero del marquesado y de la ferrería a su nieto Tomás Suárez de Deza Oca.
- En 1746 el propietario es Manuel Carlos Suárez de Deza, y según el Catastro de Ensenada de 1752, la ferrería pertenece a Carlos Suárez de Deza, quien la tenía arrendada a cambio de una parte de la producción de hierro (325 quintales anuales).
- Durante este siglo hubo pleitos constantes por el carbón vegetal, incluyendo enfrentamientos con el Monasterio de Samos (1740 y 1792), que reclamaba el derecho de sus vecinos a vender el carbón libremente en lugar de reservarlo para la ferrería.
El arrendamiento a los Rivadeneira (finales XVIII - principios XIX)
Desde 1788, la explotación pasa a manos de arrendatarios:
- Juan Francisco Rivadeneira, sobrino de la marquesa de Viance doña María Isabel Pardo Rivadeneira, la lleva en arriendo durante más de 20 años.
- En 1809, aprovechando la Guerra de Independencia y la caída de las ventas de hierro, se resistió a devolver la ferrería alegando que tenía 6.000 quintales de hierro sin vender.
- Tras su muerte, continuó arrendada a su esposa, María Josefa Rivadeneira, quien más tarde también fue propietaria de la ferrería de Tejedo de Ancares (León).
Los Suárez de Deza (siglo XIX)
- En 1815, al morir sin herederos la marquesa Ana Ramona Saavedra, el título y la ferrería pasan a Apolinar Suárez de Deza.
- En 1825 se arrienda a los hermanos Pedro y Andrés Iglesias.
- La familia Suárez de Deza mantuvo la propiedad durante todo el siglo XIX, como confirma el inventario de bienes de Apolinar Suárez de Deza de 1877, donde la ferrería —con su artefacto, molino harinero, casa, capilla, cuadras y horno de pan— se valoró en 20.000 pesetas.
Últimos años de actividad
- La ferrería siguió funcionando hasta finales del XIX: en 1874 produjo 400 quintales de hierro; en 1882 no trabajó por falta de combustible, pero volvió a hacerlo un mes en 1883.
Estado actual
Según el propio inventario de 1877, el conjunto se componía de artefacto, carbonera, molino harinero, casa habitación, capilla, cuadras y horno de pan. De todo ello, solo se conserva en pie la vivienda (que aún estaba habitada cuando se recopiló este estudio) y las ruinas de la ferrería, donde todavía son visibles los muros del banzao (presa) con su solera de madera — coincidiendo con lo que ya sabíamos: un incendio provocó el abandono definitivo de la vivienda ya en el siglo XXI.