Ferramulín - Serra do Courel

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Ferramulín

Ferramulín esta situada a 807 m. de altura en el límite entre las provincias de Lugo y León, tiene una capilla dedicada a San Francisco, que perteneció a la Orden de los Caballeros de Santiago.
Ferramulín pertenece a la parroquia de Hórreos y figura en los documentos antiguos como "Ferramolinos". Conserva una estética medieval, con una importante arquitectura popular con corredores integrados en las viviendas, que presentan varios cierres con entramados de madera y losas de pizarra. Las casas se arropan unas a otras y una casa principal tiene dos columnas de piedra de forma redonda, Hubo cuatro molinos harineros; acea do carbarco, muín da renda, muín da Albeiro, aceña do brasileiro y muín da Ponte (este es un molino vecinal) y sigue moliendo en la actualidad.
Uno de los lugares mas emblemáticos de todo O Courel, es la cantina de Fina, parada obligatoria de todo el que visita esta aldea. Fina es una agradable cantinera siempre dispuesta a atender al viajero con sus exquisitos licores de frutos del bosque que ella misma prepara. Todos los primeros domingos de cada mes hay una feria en Ferramulín. La fábrica de hierro de Ferramulín o "Ferrería Nova", en el año 1.750 era propiedad de Doña María Teresa Queipo de Villafranca del Bierzo y se la tenía arrendada a Don Francisco Losada y Armesto por 175 reales. El hierro se extraía del monte Formigueiros propiedad del marqués de Maceda.
Carlos Rueda, gran conocedor de la Sierra escribía en La Voz de Galicia el 9 de octubre del año 2000 esto:
La red eléctrica general no llegó a la sierra de O Courel hasta bien entrados los años sesenta y en Ferramulín tardó todavía más. Hace sólo unos quince años que los vecinos disponen de ella. Hasta entonces tuvieron que arreglárselas con su propio ingenio y esfuerzo para alumbrarse. Segundo González López y Guillermo López López vivieron una verdadera odisea en el invierno de 1957 para dotar a su pueblo de energía eléctrica. Junto con otros vecinos que respondían a los nombres de Dositeo, Paco, Felicitas y Domingo -unos han fallecido y otros se fueron a vivir a otros lugares- transportaron un generador en un carro de bueyes desde Pedrafita do Cebreiro hasta Ferramulín, en un duro viaje de veinticuatro horas. El generador, de unos doscientos kilos, fue adquirido junto con algunos materiales complementarios a un vecino de Lugo que en aquella época instaló otras máquinas semejantes en diversos lugares de la sierra de O Courel. Los vecinos de Ferramulín solamente recuerdan que se llamaba Dositeo. Éste sólo pudo acercarse hasta O Cebreiro y allí les dejó la carga. El resto del trayecto se hizo por senderos agrestes y empinados, con un ímprobo esfuerzo y la ayuda de tres parejas de vacas.

Segundo y Guillermo recuerdan que el carro no pudo atravesar un arroyo con su pesada carga y tuvieron que pasarlo a hombros ellos mismos, utilizando una escalera de mano. Tras aquella agotadora peripecia, el generador llegó finalmente a Ferramulín y fue instalado en un viejo molino, cuya rueda se aprovechó para poner en marcha el mecanismo. Sin embargo, no terminaron ahí las dificultades, ya que durante el periodo de estiaje las aguas del río Selmo no llevaban suficiente caudal para hacer funcionar el generador eléctrico. En tales ocasiones hubo que utilizar el motor de una malladora para que el pueblo tuviese luz. La situación mejoraba notablemente al llegar las crecidas del invierno, tanto que incluso había vecinos que no se molestaban en apagar las lámparas cuando se iban a dormir. El suministro de energía era gratuito para todos los habitantes del pueblo. Ferramulín, que cuenta hoy con dieciséis vecinos, tenía entonces catorce casas con cinco o seis personas en cada familia.
 
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